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TAMARA DÉCO

UNA PUESTA EN ESCENA INMERSIVA PERMITE CONOCER EN PROFUNDIDAD LA FIGURA DE TAMARA DE LEMPICKA. UN AMBIENTE CONSTRUIDO EN TORNO A UNA SELECCIÓN DE OBJETOS QUE POSIBILITAN UN DIÁLOGO ENTRE PINTURAS Y MUEBLES, BIOMBOS, LÁMPARAS, JARRONES, VIDRIERAS, FOTOGRAFÍAS, INCLUSO GRABACIONES DE ÉPOCA.

Una retrospectiva, doscientas piezas y más de cuarenta colecciones privadas, museos y prestadores singulares. Nombres y cifras, letras y números, que son el hilo conductor de esta historia del arte polaco. Tamara Rosalia Gurwik- Gorska se abre al gran público desde su nacimiento en el seno de una familia de clase alta a finales del diecinueve, con estancias en Suiza, Italia, Polonia o Rusia durante la infancia, dos matrimonios y una hija, y sobretodo, mucho arte. Impulsada y comisariada brillantemente por la experta Gioia Mori, la cita –primera en Madrid- ha despertado mucha expectación. No se espera menos de quién ha dedicado una década a dar brillo a la trayectoria de la Reina del Art Déco, con arduas investigaciones que explican mucho de una cara b muy desconocida… hasta hoy.


Inicialmente, Tamara de Lempicka es estética de los años veinte, motivos geométricos, colores brillantes y formas rotundas. Esto es el art déco, un estilo cargadamente clásico, simétrico y rectilíneo que alcanzó su mayor apogeo entre los años 1925 y 1935, y que hunde sus raíces estilísticas en movimientos anteriores como el cubismo y el futurismo, así como en la influencia de la Bauhaus. Lempicka fue una de sus representantes más destacadas en el ámbito de las artes plásticas, para las que planteó toda una revolución.


Una diva, descrita como un ejemplo de belleza y elegancia, que comienza en Francia a tomar clases de pintura, siguiendo las lecciones de André Lhote a quien reconocerá siempre como su maestro, a pesar de comenzar profesionalmente como ilustradora de moda. De 1922, en el Salón d ́Automne, data su primera exposición, momento a partir del cual comienza a frecuentar reuniones que comparte con personajes como Cocteau, Joyce, Colette o Isadora Duncan.



Una mujer libre que acredita presencia individual y colectiva en el Musee des Arts Decoratifs -organiza una exposición conmemorativa en París llamada Les Années ‘25-, en el Salón des Indépendants (París), en la galería Bottega di Poesia del conde Emanuele Castelbranco (Milán), en la Exposition Internationale des Beaux-Arts (Burdeos), en la 28ª International Exhibition of Paintings (Carnegie Institute de Pittsburgh), en el Musée du Jeu de Paume -con la exposición Les femmes artistes d’Europe-, así como trabajos con reyes como el del monarca español Alfonso XIII, a quién dedicaría un retrato.


Con lenguaje y estilo la vieron en Paris; se dejó caer por España, visitando Málaga, Sevilla, Córdoba, Toledo y Madrid -un periplo con mucho peso en su crecimiento como artista-; Beverly Hills, Nueva York o Houston en Estados Unidos; para acabar en México, país desde donde su alma -que descansa en paz esparcida en la cima del volcán Popocatépetl- viaja al Palacio de Gaviria hasta finales de febrero.