El mundo se disfraza
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Con la llegada de la primera semana de febrero, una energía vibrante comienza a recorrer las calles de medio mundo. El Carnaval, una festividad que hunde sus raíces en las antiguas bacanales romanas y las fiestas paganas de invierno, marca tradicionalmente el último período de permisividad y exceso antes del recogimiento de la Cuaresma.
Más allá de su origen religioso, el Carnaval se ha consolidado en el siglo XXI como la máxima expresión de la identidad cultural de los pueblos. Es un paréntesis en la rutina donde las jerarquías desaparecen bajo el anonimato de una máscara y el latido de la música. Esta semana representa el triunfo de la creatividad y la libertad, invitándonos a ser, por unos días, quienes nosotros queramos ser.
Estos son los epicentros donde la fiesta alcanza su máxima expresión:

Venecia: La elegancia del misterio
Probablemente el más aristocrático del mundo, su origen se remonta a 1296. El evento principal comienza con el "Vuelo del Ángel" desde el campanario de San Marcos. Las máscaras son el elemento central, destacando la Bauta, que cubre el rostro permitiendo comer y hablar, y el Médico de la Peste, con su característica nariz larga en forma de pico.

Río de Janeiro: El latido de la samba
Aunque influenciado por colonos portugueses, el carnaval actual estalló en la década de 1920 con las primeras escuelas de samba. El epicentro es el Sambódromo, donde las escuelas compiten a través de la "alegoría": una historia contada mediante música, danza y disfraces monumentales que desafían la gravedad.

Santa Cruz de Tenerife: Resistencia y color
Considerado el segundo más popular del mundo, destaca por su historia de resistencia. El momento cumbre es la Gala de Elección de la Reina, con trajes que pueden superar los 400 kilos. La fiesta se vive entre el "Carnaval oficial" (murgas y comparsas) y el "Carnaval de calle", donde el humor y la sátira social no tienen límites.

Nueva Orleans: El espíritu del Mardi Gras
El "Martes Gordo" es una mezcla fascinante de tradiciones europeas, caribeñas y estadounidenses. El gesto más reconocible es el lanzamiento de collares de cuentas desde las carrozas (púrpura para la justicia, verde para la fe y dorado para el poder). Los "Krewes" (sociedades organizadoras) mantienen la mística desfilando siempre bajo una máscara.



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