Oasis fuera de la M-30: Cinco terrazas y restaurantes donde el verano madrileño se vive a otro ritmo
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No todo lo que pasa en Madrid pasa en el centro. A pocos minutos del núcleo urbano, entre Puerta de Hierro, Pozuelo, La Moraleja o el entorno de IFEMA, aparecen espacios que cambian por completo la idea de verano en la ciudad. Terrazas que se pierden entre vegetación, brasas encendidas al aire libre, mesas largas sin prisa y restaurantes donde el tiempo parece ir a otro ritmo, abren la ciudad a propuestas que combinan producto, entorno y experiencia.
Son lugares donde la cocina se entiende como algo que va más allá del plato, ya sea a través de una bodega cuidada, una brasa protagonista, una panorámica inesperada o una noche que empieza al atardecer y no termina hasta bien entrada la madrugada.
El Rincón de Vespok
Entre los escondites más agradables de la zona norte de Madrid, El Rincón de Vespok (Calle de la Isla de Oza, 16) juega a ser ese plan al que se va sin prisa y del que cuesta irse. A apenas 20 minutos del centro, en Puerta de Hierro, el ruido baja, aparece la vegetación y la terraza se convierte en el auténtico punto de encuentro, perfecta para desayunos largos, comidas que se alargan sin mirar el reloj o cenas al aire libre cuando cae la tarde. Su cocina, centrada en el producto y la temporada, se mueve entre recetas reconocibles y bien ejecutadas, con guiños a la tradición como las verdinas con carabinero, arroces en los que destaca el negro de chipirón, verduras como las piparras fritas o las colmenillas con salsa de foie, pescados como la lubina a la sal o el rodaballo a la bilbaína y carnes como el lomo bajo de vaca Retinta. Todo se acompaña de una bodega muy cuidada y una coctelería que alarga la experiencia desde el aperitivo hasta el último trago.
La Hípica
La Hípica estrena terraza y lo hace con la idea de convertir las noches de verano en un plan que se alarga sin mirar el reloj. Rodeado de caballos y con vistas abiertas a la ciudad a lo lejos, este espacio en plena naturaleza se siente como una escapada rápida sin necesidad de irse demasiado lejos. El sonido del campo, las mesas al aire libre y una brasa que funciona como núcleo de la experiencia, con el fuego como hilo conductor de una propuesta donde el producto manda, lo cambian todo. La cocina gira en torno a carnes seleccionadas y cortes premium como vaca vieja, buey o rubia gallega, junto a piezas pensadas para compartir como chuletón, tomahawk o rib eye, además del cordero lechal en distintas elaboraciones, desde asado hasta chuletitas a la parrilla. Todo se cocina con respeto al producto y a la técnica, apostando por el sabor directo y reconocible de la leña y el carbón.
El Cielo de Urrechu
En el centro comercial Zielo Shopping de Pozuelo de Alarcón, El Cielo de Urrechu se abre como uno de esos lugares que sorprenden más por lo que se ve desde la mesa que por lo que ocurre alrededor. Con una sala elegante y una barra más informal, el restaurante regala una de las panorámicas más singulares de Madrid, con el skyline al fondo y la Casa de Campo extendiéndose en tonos verdes que cambian con la luz del día. Esa sensación de altura y calma marca el ritmo de una experiencia pensada para disfrutar sin prisa, acompañada por una bodega que supera las 600 referencias y una selección de más de 250 champagnes que da idea del cuidado por el detalle. La cocina de Íñigo Urrechu se mueve entre la técnica y el producto, con platos como el tiradito de ventresca con yuzu ponzu y oliva esférica, el tataki de atún con leche de tigre nikkei, las UrreBravas o el ceviche de corvina con langostino tigre, sin olvidar bocados tan personales como la oreja crocanti con chipirón.
El Gran Barril de Naciones
En plena zona de IFEMA, junto al bullicio de ferias y oficinas, El Gran Barril de Naciones se abre como una marisquería pensada para elevar el producto a experiencia. La nueva apuesta de Grupo Oter combina la esencia de la restauración clásica con una puesta en escena donde el servicio en sala recupera protagonismo, desde el corte de jamón y salmón al momento hasta los postres terminados frente al comensal. El espacio, amplio y luminoso, con tres terrazas y grandes ventanales abiertos al Parque Juan Pablo II, está diseñado para que cada comida se viva sin prisa. En la mesa manda el producto de lonja: ostras, gambas, carabineros o centollos según temporada, junto a clásicos como las anchoas del Cantábrico o el brioche de calamar de potera. Los pescados frescos, trabajados a la brasa, a la bilbaína o a la donostiarra, conviven con una potente selección de arroces y fideuás, sello de la casa, elaborados con base de Calasparra. Todo ello se acompaña por una bodega cuidada y una coctelería que alarga la sobremesa, en un espacio donde el mar se convierte en el verdadero hilo conductor de la experiencia.
Villa Panthera
Madrid en verano tiene una categoría propia de planes, entre los que se encuentran aquellos que se quedan en la memoria, como pasa con Villa Panthera. Instalado en el Hipódromo de la Zarzuela, este formato vuelve a convertir uno de los enclaves más icónicos de la ciudad en escenario de noche larga, donde el atardecer marca el inicio y la música el ritmo de lo que viene después. El entorno lo pone el propio Hipódromo, con sus vistas abiertas a la pista y esa sensación de amplitud que difícilmente se encuentra dentro de la M-30; la puesta en escena la firma Panthera, con una mezcla de gastronomía, coctelería y ambiente que va creciendo a medida que avanza la noche. La propuesta gastronómica está pensada para compartir y alargar la experiencia, con platos como ostras con ponzu y caviar cítrico, ceviches, tiraditos, sushi elaborado al momento o guiños más contundentes como el katsu sando o la smashburger de txuleta. Todo se acompaña de una carta líquida cuidada y una música que, lejos de ser decorado, forma parte del propio relato.


















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