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Emiliano lo sabe



Virtuoso de pensamiento y palabra, en consonancia con el término en el arte musical que tanta pasión despierta en Emiliano Suárez. Es una persona cercana, de mente ágil y claras convicciones que giran en torno a la palabra creatividad que engloba sus múltiples apelativos profesionales: artista, productor, director de escena, fotógrafo… Su imagen, tatuada por un icónico nombre comercial, solo corresponde a una pequeña parte de su trayectoria, justo a partir de donde esa creatividad le ha llevado a desarrollar proyectos innovadores. La productora “Opera Garage” y el contenedor de proyectos de autor/agitador cultural “Garaje Lola” rompen esquemas tradicionales con propuestas singulares y excelsas, de exquisita elegancia y seducción.


¿Qué es la cultura?


Es un estilo de vida, una actitud. No hay porque ser el hombre mejor formado, el más leído, un erudito o un intelectual para tener ciertas inquietudes en torno a la misma. Yo asocio la cultura a estos valores que, en mi caso, giran en torno a seguir avanzando en mi proyecto profesional, a una apuesta por la creatividad, a la curiosidad por todo lo que me gusta y me rodea, a intentar saber, por lo menos, un poco de muchas cosas… Al final es dedicar algo de tu tiempo a que la cultura forme parte de tu esqueleto profesional y vital.


Mi posicionamiento cultural no es, en absoluto, exclusivo, ni extremista ni sectario, simplemente pienso que hay personas que tienen una sensibilidad de estar cerca de la cultura y de cuidarla y otras no. Creo que poco a poco he ido demostrando que tengo mi espacio dentro del universo y de la propuesta cultural, en este caso, de Madrid.


(Se dice humanista a cualquier doctrina que afirme la excelsa dignidad humana y el carácter racional del hombre, que enfatiza su autonomía, su libertad y su capacidad de transformación de la historia y la sociedad).


Es usted una persona interesada por la vida, por lo humano, por los comportamientos y por los actos; una persona inquieta que no se para en lo banal y en lo superfluo. ¿Se podría definir como un humanista?


Perfectamente, aunque prefiero que me definan otros como humanista o como aprendiz de humanista que afirmarlo yo mismo porque me da cierto vértigo. Como bien dices, un humanista es un ser inquieto que le preocupa mucho lo que sucede a su alrededor. Esa dignidad de la que hablas tiene que ver con hacerse respetar en tu campo profesional y artístico. Si no confío en mí, en lo que hago y en mis proyectos difícilmente los voy a poder defender con dignidad. “Dignidad” aplicada al “humanismo”, son dos conceptos muy cercanos, prácticamente sinónimos, y en eso estoy, en ponerme en valor como artista, como creador, como un hombre que en un momento dado dio un pequeño giro a su vida profesional y personal, y que en esa búsqueda de ir cumpliendo sueños está frente a la parte humanista -que es romántica y desinteresada-, y que, por supuesto, tiene que ver con la dignidad del individuo. Hay que hacerse respetar y a su vez respetar a los demás, pero también hay que tener personalidad. Hay que despojarse de ciertos complejos, mochilas y cargas para poder posicionarse con fuerza y poner en valor tu trabajo, pues de lo contrario puedes acabar siendo una marioneta en manos de una serie de factores que nada tienen que ver con los puramente artísticos ni humanistas.


La trayectoria del negocio familiar le ha venido colgando la etiqueta de joyero y, posiblemente, no ejercía usted esa profesión, aunque la misma tiene, sin lugar a dudas, una vertiente importante de creatividad. ¿Es esta creatividad heredada la que le ha llevado a sacar adelante los proyectos?


Procedo de una familia de empresarios de mucho peso y de gran éxito que se ha dedicado toda la vida al mundo de la joyería. Hubo un momento que tuve que explicar de una manera muy calmada y desde el agradecimiento que yo nunca había sido joyero: no estudié para serlo, no se diseñar… Siempre fui una persona creativa con una base más o menos sólida que venía de mi formación universitaria de marketing y comunicación, y solo a partir de ahí supe encontrar mi espacio -con muchísimo esfuerzo, trabajo y algún que otro sinsabor-, dentro de una compañía de joyería donde pude desarrollar una gran parte de esa creatividad, de ese poder estar cerca de las personas que me necesitaban para poderles dar mis mejores ideas o acercarles a proyectos que más tarde han sido un éxito. Mis ideas, mis recomendaciones y mi saber hacer era ese background fuerte en mi comunicación, aderezados con la creatividad que, al final, había que aplicar a muchas áreas distintas de la compañía.


Creo que llevamos a cabo una labor extraordinaria por aquel entonces con muy pocos recursos, fundamos un departamento de comunicación que no existía y a partir de ahí cometiendo muchos errores pero también grandes aciertos fuimos dando forma a una marca tan importante como es Suárez y más tarde otra como es Aristocrazy, que hoy en día cuenta con más de cien tiendas. Por lo que estoy muy orgulloso de esa etapa, lo que ocurrió es que cuando la empresa se profesionaliza y ya está todo bien ordenado, con un plan estratégico claro y bien definido, viene el momento de cambiar y de hacer realidad mis sueños. Todo lo que todavía no había podido realizar consideré que era el momento de poder llevarlo a cabo, aún así pudiéndolo compatibilizar con ser consejero delegado, cargo que se desvinculaba completamente de la parte ejecutiva. Alcancé ese punto de libertad, siempre teniendo en cuenta de donde venía, quien era y sobretodo no perdiéndole la cara a la empresa familiar, guardando el respeto que merecía. Era el momento de empezar a organizar todos estos proyectos que tenía en mente y que hasta ese momento no había podido afrontar.


“Opera Garage” fue primero, después “Garaje Lola”. ¿Había que encontrar un espacio a ese proyecto creativo? ¿Cómo surgió esta iniciativa?


“Opera Garage” es una sociedad que comparto al cincuenta por ciento con Macarena Bergareche y que surge durante mi primera exposición fotográfica en Bilbao, “Texturas de Nueva York”, que llevo desde Madrid y que, con la ayuda y el agrado de Macarena -que piensa que puede ser un éxito- da pie a plantear la posibilidad de buscar un espacio en Madrid, labor nada fácil. Tras eso, encontré un garaje muy en desuso, desgastado, en el centro de la ciudad, que era lo que yo quería. En principio tenía todo lo que yo necesitaba para contar esa historia de lo que era para mi Nueva York a través de mi fotografía. Expuse también en otro garaje en Bilbao y allí fue donde le dije a mi socia que tenía un proyecto en un cajón: producir La Bohème.


¿Y la Bohème abrió la puerta de Garaje Lola?


En principio la íbamos a estrenar en Coruña, pero no fue posible. Se paró el tema, aunque yo había comprado la escenografía y todo el trabajo del equipo que monté. Pero, siguiendo con la idea y esta producción, pensé que ese grupo de artistas y creativos necesitaban conquistar nuevos espacios en las afueras, en la periferia de las grandes ciudades. Tenía mucho que ver conceptualmente toda la parte de la escenografía con ese garaje, y dije “aquí puedo montar La Bohème”. Podíamos ir adelante, tenía la acústica, con un formato muy esquemático, había que hacerla a piano, con arreglos para no hacer la parte de coros… Y a partir de aquí nace el concepto de Opera Garage, que entró en escena con la producción La Bohéme en Garaje San Mamés de Bilbao, donde tuvo un gran éxito. A partir de este momento, Macarena y yo decidimos asociarnos y crear una productora.


De una idea itinerante a un proyecto consolidado bajo el concepto underground, en un garaje ubicado en un barrio de Madrid como Tetuán. En otras ciudades europeas este tipo de espacios tienen un peso específico en su vida cultural; fuera de nuestras fronteras se valora el contenido y el continente. ¿Cree que en España despierta el mismo interés?


En España es más difícil salirse del circuito tradicional. Es muy complicado, y no digo ya en capitales de provincia. Si cuesta esfuerzo poner en valor el proyecto en Madrid, Barcelona, Valencia o Bilbao, imagínate en otras ciudades más pequeñas en las que hemos estado. Lo que ocurre es que la idea es tan buena y acertada que ha tenido un gran recorrido y puede tener mucho más porque funciona. Tiene los mimbres para ser un buen proyecto.


¿Qué es Garaje Lola y qué dimensión tiene en el mundo de la cultura?


Garaje Lola es otro proyecto que al final comparte condiciones, características y leitmotiv creativo con Opera Garage, pero que es absolutamente independiente. Es un contenedor de proyectos de autor, en este caso míos. Es un espacio muy novedoso cuya idea original era intentar poner en valor mis proyectos; un agitador cultural donde conviven el arte contemporáneo, la gastronomía y, por supuesto, los espectáculos.


En mi continuo desarrollo como artista, había encontrado también un espacio para exponer mi obra fotográfica. Mi interés y pasión por la gastronomía con un concepto de experiencia gastronómica clandestina para muy poca gente, también había encontrado su lugar, con la posibilidad de tener allí una cocina para socios, su choco privado y particular. Y, lo más potente e importante, la posibilidad de crear y ofrecer una programación cultural como cualquier otro espacio creativo o teatro alternativo. Ahora mismo tengo diez espectáculos programados para la temporada 21-22 (empezamos con el tenor tinerfeño Celso Albelo, seguimos con Stefano Palatchi y su quinteto de jazz que es una maravilla). En todos, la dirección artística es mía y en muchos me meto en la idea creativa, en el desarrollo conceptual de escenografía, puesta en escena, iluminación…


Este espacio y estas representaciones, tal y como lo presenta, tienen que tener unos gastos importantes, por lo que imagino que tiene un minucioso plan de negocio para que sea rentable. ¿Es viable este desarrollo en los tiempos que atravesamos?


Es viable. Lo que no es seguro es que todos los espectáculos acaben siendo rentables, pero el conjunto de la temporada es viable, posible y rentable. Ahora bien, tengo que hacer malabares para que todo cuadre. Al artista le tengo que proponer algo fuera de su zona de confort, que le apetezca el reto. Manejar el formato, incluso hacemos muchos pilotos de proyectos que arrancan ahí y luego siguen fuera.


¿Apoya la Administración este tipo de iniciativas?


No, es muy difícil. Es muy complicado que la Administración apoye este tipo de proyectos por muchos motivos. Primero porque están fuera del circuito tradicional y ahí aparecen los múltiples condicionantes. Habría que revisar toda la burocracia que no permite que acabes de llegar al final del camino por las características de nuestro tipo de producción y espectáculo, que no reúne los requisitos estándar. Por otro lado, están los productores, actores y circuitos tradicionales que a veces tienen la costumbre de levantar la voz con gran fuerza cuando ven que no van las cosas por donde ellos creen que tienen que ir, y se les hace caso. Somos muchos los que de manera privada e independiente estamos buscando alternativas para ponernos en valor como artistas y poder estrenar nuestras producciones. Esto es muy discriminatorio, pero es lo que hay.


Sin queja ni reproche, pero lo cierto es que el dinero público, las subvenciones y la cesión de espacios se utilizan para otro tipo de actividades que tienen mucho que ver con lo que nosotros hacemos pero que utilizan un canal completamente distinto y que está adjudicado. Nos vendría muy bien que nos tuviesen en cuenta, pero tampoco tenemos que hacer esta cuestión parte principal del futuro del proyecto porque estaríamos atados de pies y manos. Nosotros, en este momento, somos capaces de llevarlo a cabo sin ayuda pública, simplemente con el apoyo de los patrocinadores, colaboradores y con el gran esfuerzo de llevarlo a cabo varios días buscando aforos que por lo menos puedan cubrir los gastos de producción. Simplemente así se puede salir adelante.


¿Cree que este desarrollo cultural y creativo va a ayudar y potenciar otras iniciativas que aporten ideas más vanguardistas, espectáculos diferentes…?


Espero que sí. Yo pretendo ir a lo mío, pero en el mejor sentido, no metiéndome en el terreno de nadie, no comparándome con nadie y no copiando a nadie, porque sería el principio del fin. Tengo mi idea, que es absolutamente innovadora y culturista, que parte de un género como es la ópera, que cómo género musical creo que no hay nada más grande, ni más completo. A partir de ahí hemos sido capaces de llevarlo a espacios alternativos donde nunca se había hecho ópera y lo hemos puesto en valor en un entorno y con una escenografía hasta ahora inédita. Hemos abierto la puerta a nuevos públicos que jamás hubieran ido a la ópera, como son los jóvenes a los que les apetece venir a esta experiencia porque es distinta, porque rompe ciertas barreras que hay y que determinado público puede tener.


A lo mejor España y la cultura en general está necesitada de este tipo de desarrollos. Puede que falte poso cultural. Quizá demasiado reguetón y poca música clásica. Demasiado futbol y pocos libros.


En general falta hacer más hincapié en la cultura, y en que no todos los recursos públicos vayan siempre a circuitos tradicionales que a la larga son los que más se quejan. Cuando la subvención no es tan abundante o cuando algún proyecto se cae o cuando consideran que no se les trata como deberían, estos sectores son muy reivindicativos. Aún así, respetándoles y sintiéndome parte de ellos -porque yo también me considero artista, además de productor y de director de escena-, tienen que tener en cuenta que somos muchos los que de manera independiente y sin ningún tipo de ayuda pública, ni subvención, y a veces ni siquiera con patrocinio, estamos levantando proyectos culturales con la misma ilusión y la misma energía. Y a veces a cambio de nada.


¿Tendrán un precio accesible las representaciones para atraer a ese público joven del que hablábamos?


Accesible si, pero no puedo tener un concepto muy tirado de precio porque devaluaría la idea, el proyecto y sobre todo la propuesta artística. Tampoco puedo tener precios muy elevados porque simplemente no funcionaría. Nuestra membresía incluye una serie de beneficios, y los socios tienen un precio especial. Ponen un dinero todos los meses que les hace formar parte de ese club que les permite acudir a las jornadas gastronómicas sin coste, pueden acceder a todas las inauguraciones de arte contemporáneo con una visita exclusiva con el artista antes de abrir puertas y al coctel posterior, y por supuesto tienen la entrada garantizada a todos los espectáculos con un cincuenta por ciento de descuento.


¿Podrá llevar a Garaje Lola a los grandes del canto?


Han estado ya muchos de ellos. A partir de la ópera Rigoletto montamos una dramaturgia que denominamos “Gilda Rigoletto” en la que pusimos en valor el rol de Gilda, con una lectura en la voz de Pedro Mari Sanchez y las voces fantásticas de la soprano Ruth Terán y Javier Galán. Conseguimos, también, el regreso a los escenarios del que está considerado el mejor tenor dramático del mundo, uno de los cantantes más completos de la escena operística actual, que es el americano Gregory Kunde. Él tenía mucho interés en interpretar en un tipo de espacio que jamás había cantado. Quería volver a encontrar sensaciones después de un año mudo y hacer todo su repertorio más dramático con su pianista de cabecera. Luego vino Pancho Corujo, el tenor de Masdache, el más destacado representante que ha dado Lanzarote al género lírico, con un espectáculo maravilloso en el que llevaba mucho tiempo trabajando. La cantante lírica Ainhoa Arteta, que interpretó el III acto de La Traviata; hemos tenido también a José Mercé que hizo por primera vez en muchos años una hora y veinte de cante hondo con guitarra, iluminado con velas…




¿Asumen todas estas figuras el hecho de sacar la ópera de su hábitat natural?


Les cuesta, les suena distinto, lo ven como algo extraño porque les digo que ahí no hay caché, que se trata de que confíen en mi y en el proyecto, porque van a hacer algo muy original que nunca van a olvidar. Se ponen a prueba en un auditorio tan particular que quizás les da menos miedo, porque todo va muy a favor, donde les dejan participar en la idea creativa, en la dirección de escena, en iluminar, en contar el porqué estamos haciendo esto y lo que queremos transmitir. La gente tiene que entender lo que ofrecemos pues todo tiene una explicación.


La opera, como decía, es un espectáculo muy completo donde interviene, voz, interpretación, estilismo, música. ¿De dónde le viene el interés y pasión por el género?


La opera es mi gran pasión desde que soy muy pequeño. Empecé a disfrutar de ella a los ocho años y desde entonces no me pierdo ni una. Es un genero que no acaba nunca de una riqueza cultural impresionante. Desde final del siglo dieciséis y principios del diecisiete, hasta nuestros días, se ha venido desarrollando sobre una gran paleta de estilos y de tipologías que van en sintonía con la historia de la humanidad y del arte sobre todo. Es un género muy extenso y rico. Soy también un amante del jazz y del musical, y también me gusta y me interesa mucho el flamenco, que es algo muy nuestro, con unas raíces profundamente españolas.



¿Qué encuentra en la música?


La música es imprescindible en mi vida, así como para la constante búsqueda de la felicidad, donde tienes que ir metiendo elementos que te sugestionen y la música es uno de ellos. Hay tantos compositores, tantos estilos, tantos matices…


El mundo de la fotografía también ha llamado a su puerta como vía de expresión, e incluso de comunicación. La exposición “Texturas de Nueva York”, su punto de partida, ¿dice algo más de lo que se ve? ¿Qué quería dar a conocer y expresar a través de la misma?


“Texturas de Nueva York” fue un proyecto muy elaborado y pensado al que me costó mucho esfuerzo dar forma. Hice unas fotografías, pero tenía que presentar un proyecto creativo, algo que, gusten o no las fotos, impacte por la propuesta. Por lo que no eran solamente imágenes: era una sugerencia, una performance, una experiencia. No consistía sólo en enmarcar unas fotos más o menos bonitas, que eso lo puede hacer cualquiera. Hice dos viajes a Nueva York bastante prospectivos buscando localizaciones singulares, con mucho cuidado para no caer en lo manido, y no traer postales. Con “Texturas” buscaba todos esos elementos que te encuentras a patadas en esa ciudad y que pasan desapercibidos pero que están ahí. Son elementos pesados, texturizados, con muy mal mantenimiento, donde se ve claramente el paso del tiempo, y que definen perfectamente el carácter de la ciudad. Fue un trabajo de comunicación, un diálogo con el público en donde, además, hay fotografías. Era la manera de ponerme en valor no solo como fotógrafo sino como artista. Era una obra completa: las fotos, el revelado, los marcos de hierro forjado hechos por artesanos que usamos, a doble cara… Fue un éxito que no esperaba. Lo de menos eran las fotos o el vender o no vender, fue un puñetazo fuerte en la mesa. Me gustó tanto lo que sucedió, las sensaciones que tuve, que me lo llevé a Bilbao y allí volvimos a reventar y además vendimos más que en Madrid, que no era nada fácil. Varias piezas las adquirieron coleccionistas muy importantes…


¿Va a continuar con este arte? ¿Tiene más obra para exponer?


Tengo algunas cosas inéditas todavía porque no he tenido tiempo de revelar y creo que lo voy a presentar en diciembre en Garaje Lola. Voy a intentar traer también algo nuevo además de lo no presentado hasta ahora de Nueva York, La Habana y Chicago, y si puedo ir antes de Navidad, también de Lisboa u Oporto o Berlín. Si no pudiera con esto último, expondré lo que tenga porque hay que seguir poniéndolo en valor.


¿Qué idea de futuro tiene con todos los proyectos?


Nunca se sabe lo que puede pasar. Creo que estoy recorriendo un camino en el que por fin he encontrado un discurso propio, donde poco a poco me he ido liberando de muchas cargas, de complejos, de inquietudes. Ahora estoy muy centrado en este proyecto que pueden parecer muchos, pero que, al final, tienen un camino común, que es el universo de Garaje Lola, donde confluyen. Este contenedor, es la presentación de Emiliano Suárez como artista, de quién es y lo que hace.


Con Opera Garage ya hemos cerrado una gira importante y Garaje Lola va a desarrollar su programación según la hemos presentado tanto con arte contemporáneo, gastro y, sobre todo, con los pequeños formatos cápsula que luego se van a reproducir en otro tipo de entornos, festivales y espacios. En definitiva, pretendo seguir conectado con el proyecto, poniéndome en valor y luchando por mis sueños, con mucha ilusión y dignidad. El proyecto merece mucho la pena.







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